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Marta tiene 11 años y es la más pequeña de mis preciosas sobrinas. Con ella, con Armonía y con Marina he querido, cuando han pasado unos días conmigo, compartir mi aficción al maravilloso mundo creativo y hacer algunas cositas juntas para que probaran y experimentaran el placer de crear.
Para mí, compartir esos ratitos con ellas ha sido como darles una semillita, por si alguna vez en sus vidas y por decisión propia, deciden rescatarla y plantarla en su huerto vital, para que, con toda seguridad, les proporcione la alegría y la satisfacción únicas que se dan en el proceso creativo.
Estas son las cositas que hicimos mi querida Marta y yo en nuestro último fin de semana juntas.
Con unos preciosos pañuelitos de papel de celulosa,
cola para decoupage, pinturas, pinceles, pegatinas, alguna piedra y cajitas u otras cositas en madera,
esto es lo que salió:
* * * *
Hace unos días leía sobre un taller de ARTE-TERAPIA (¡qué bonito nombre!) algo que define bastante bien las sensaciones que me proporciona a mí el trabajar y crear algo con mis manos: “…con estas materias basadas en el arte, la persona empieza a encontrarse a sí misma a un nivel personal y creativo, realizándose no sólo como persona, sino también, como creadora de su propia capacidad expresiva, manifestando sus sentimientos, pensamientos e ideas de una forma creativa. Se profundiza en autoconocimiento y se refuerza la autoestima…”
A lo que yo añado: da igual en lo que volquemos nuestra creatividad: bricolaje, crochet, punto de cruz, dibujo, pintura con pinceles o con brocha, modelado en arcilla, costura, repostería… En mi opinión, lo importante e imprescindible es que en ese proceso de creación, además de la ilusión por crear algo, se halle absolutamente implícito el realizar ese trabajo con nuestras manos.

A mi muy creativa e inquieta amiga
Marion, seguro que sabe bien de lo que hablo ;o)
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