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Proverbio oriental




Cuando un arquero dispara una flecha por puro placer, mantiene toda su habilidad.


Cuando dispara esperando ganar una hebilla de bronce, ya se pone algo nervioso.


Pero cuando dispara para ganar la medalla de oro, se vuelve loco pensando en el premio y pierde la mitad de su habilidad, pues no ve un blanco, sino dos.